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Mi razon y tu corazon

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Una historia de amor apasionada

CAPITULO FINAL: VOLVER AL PRINCIPIO

Cuando por fin pude abrir los ojos, por tercera vez estaba en un hospital, seguía ahí desde el incidente, nuevamente, no es alentador estar en un hospital cada vez que quedo desmayada. Minho está a mi costado sentado en una silla sosteniendo un rosario.
- Rezar no sirve de nada. –Digo burlonamente
- ¡Estas despierta gracias a Dios¡
Me abraza hace que mi cuerpo duela, pero se siente bien. 
- ¿Entonces cuando nos vamos?
- El doctor dijo que podríamos irnos cuando quieras. 
- Entonces nos vamos ahora¡¡¡¡ 
Salí de mi cama, para abrazarlo y llorar de alegría, dolor, arrepentimiento, pero sobre todo por no haberlo amado. Quería amarlo, sin tener peros, sin arrepentirme. 
- Compré un departamento, ¿Te molesta si vivimos juntos?
- No, no me molesta. –Le sonrió- 
El departamento era hermoso, por encima de toda la ciudad y enormes ventanas, estaba amoblado, recorrí todo el lugar y note dos habitaciones una para mí y la otra para Minho. Lo supe porque una era rosa y yo odio el rosa. 
- El rosa es tuyo, -dije rápidamente 
- Creí que podrías ser femenina. 
- No, el rosa es asqueroso, -dije con sarcasmo. 
Preparamos la comida, hablamos del incidente con Nichkhun, que las pesadillas volverían, me conto que Yonghwa volvió con su familia. 
- Espero que nos visite. 
- Si yo también. –Lo veo algo nervioso y podría decirse, un poco ansioso.
- ¿Qué te pasa? –Se arrodilla, saca una caja negra de su bolsillo de pijama. 
- ¿Qué tal si nos casamos? 
Recuerdo la conversación con el doctor, y enseguida respondí
- Vamos a intentarlo
- ¿Eso es un sí?
- Si. –Se levanta, toma mi mano y me coloca el anillo. Yo por mi parte me levanto para darle un beso, ese beso que dejamos cuando nos conocimos un beso que nunca di.
Entregándole todo en un simple beso, nuestras almas se unieron, y descansaron por fin. 
Ambos fuimos a dormir a nuestras respectivas habitaciones. Sentí mucho calor, ansiedad quería a ese hombre, como seguramente nunca amaría a otro, nunca con ningún otro sentí lo que siento ahora. Pasaron cuatro noches de calor y ansiedad. Un día de repente tuve una pesadilla, me levante, salí de mi habitación.
Camine por el pasillo intentado no hacer ruido, abrí la habitación de Minho, él dormía plácidamente, levante las sábanas y me sumergí junto a él sintiendo su calor. Él al notarme me abrazo y me pregunto.
- ¿Una pesadilla?
- Si
- Puedes dormir aquí
- Mírame… -le implore observando sus ojos que apenas se distinguían en la oscuridad
La oscuridad impedía que pudiera verle completamente, pero podía sentir su aliento muy cerca, busque su boca, sus labios carnosos y suaves, lo bese suave, sensual, intentando alargar cada sensación, sentir su piel con mi piel, mi beso se volvió profundo, seductor. Sus manos se sentían cálidas y rápidas, enseguida en la oscuridad quito mi ropa, sin dejar descansar mis labios. 
Sumergidos en placeres humanos, acariciamos nuestros cuerpos. Coloco sus manos en mis axilas para subirme en sus piernas, beso mi cuello dejando una película húmeda que liberaba el fuego que había en mí. Acaricie los músculos de su espalda, bajando hasta llegar al final de su camiseta, la tome con delicadeza y rapidez para quitársela, el respondió rápidamente levantando los brazos, para luego hacer lo mismo conmigo.
- Te amo. –Susurro Minho, sin dejar su faena, apoderándose de mi cuello. 
- Ámame. –Respondí. Libero mis pechos dejándolos a su merced. Los presiono son sus amplias palmas, deje escapar un gemido suave. 
Su cuerpo descansó sobre las almohadas, sus brazos fuertes se extienden a cada lado de la cama. Quite sus pantalones y sus boxers desesperadamente buscando su erección. No me inmute en tomarla y hacer un canal, para subir y bajar, acelerando el ritmo. Su cuerpo se tensó lo que me alentó a subirme sobre él y besarle el pecho, desde el cuello hasta el inicio de su sexo. Bese todo su cuerpo al mismo tiempo que atornillaba mi mano contra su erección. Lo mire directamente y le dije, -Quiero ser tuya. Abrí las piernas y me puse sobre él cargada de energía observando su rostro agradecido. Él por su parte observaba con curiosidad mis experimentados movimientos, tomando mis piernas con tal fuerza que me levanto sobre él. Se introdujo en mí, poco a poco, sintiendo dentro de mí sus roces haciéndome arquear la espalda. Él lanzaba la cabeza hacia atrás intentando no gritar. Comenzamos con el ritmo del sube y baja. Escuchaba sus gemidos mezclados con susurros de amor que se hacían indescifrables, cada parte de mi palpitaba con sus toques toscos y a veces suaves. 
Lo sentía muy dentro de mí, tal vez por la posición, o el simple hecho de que aquel hombre me estaba amando de tantas maneras. Moviéndonos rítmicamente se deslizo sobre mí, abrace su cuello y presione ambas piernas en sus nalgas, él empujaba con fuerza, podía sentir su sudor en mi cara, su olor masculino y embriagador hicieron que me pierda en sensaciones, entraba y salía de mí, mi fuego interior a punto de explotar, él gemía con más placer, susurrando mi nombre –Yoona, Yoona, una y otra vez. Mi cuerpo pedía más y más. Mis pulsaciones se aceleraron, él comenzó a bombear con mayor rapidez, por un momento todos mis huesos se resquebrajaron y caí en mil pedazos. Minho grito mi nombre por última vez con su voz jadeante, se derrumbó sobre mí. Sentí como llenaba mi interior con su esencia. Cuando salió me sentí vacía extrañando su presencia dentro. 
Se recostó a mi costado, me abrazo desnudo, recoloque mi cabeza en su pecho para dormir sintiendo su calor y aroma, despertamos hasta que los primeros rayos de luz inundaron la habitación. 
Despertamos recostados y acurrucados el uno a otro, mi corazón estaba frágil y simplemente quería dejarlo en sus manos, quería que me amara, dejar a un lado cada razón que tuviera para no ser suya. Observe su mandíbula preciosa, su nariz recta, acaricie su cuello, me recargue para abrazarlo más fuerte. 
Cuando despertó, estaba tan entretenida acariciando su cabello que no note sus ojos fijos en mí. 
- ¿Dormiste bien?
- Como nunca. Tengo hambre -le dije. Me miro malicioso para besarme suavemente en un baile húmedo. 
- Espero que hambre de mí.
Comenzamos otra vez a amarnos, instintivamente a buscar en nuestros cuerpos placer que sólo podía sentirse con él. Minho debajo de las sábanas se transformó en un amante irracional, besando cada recoveco que quedaba de mí por besar. Su ímpetu provocaba en mí, espasmos de placer que me hacían gritar y gemir de placer. Sus manos rápidas acariciaban cada centímetro de mi piel y yo lo recibía complacida. Nuestros ojos se encontraron finalmente para una vez más, caer rendidos a los placeres más carnales que conoce el hombre. 
Si acaso el destino me estaba jugando una mala pasada o era simplemente una provocación mía, estaba dispuesta a disfrutar aunque fuera un minuto, amar al hombre que tenía hoy. Mi deseo irracional por él, tan solo la idea de perderlo me aterraba, o peor el dejarlo, era como desgarrar partes de mi cuerpo. 
Cuando volvimos a despertar por segunda vez, el siempre con su voz masculina y segura dijo.
- Ahora quiero comer. 
- Esta vez yo no estoy en el menú –Replique burlona.
- ¿Ni siquiera en el postre?
- Tal vez… -Lo bese, arregle mi cabello, y me dirigí al baño, mi cara era de; “ACABO DE TENER SEXO” con letras mayúsculas, pero me sentía feliz. Él entro un segundo después, abrazándome por la cintura, sentí todo su cuerpo, cálido y bien trabajado. 
- ¿Después de todo nunca dejas el ejercicio?
- Nunca, y creo que no dejaré de hacerlo contigo –Me mira sobre mis hombros un poco provocador y completa –Hagamos mucho ejercicio. 
- Primero voy a ponerme algo decente, si me permites. –Libera mi cintura, pero yo reclamo. –No dije que dejaras de abrazarme. 
Termino de lavarme con Minho abrazándome y saboreando mi cabello. Me ayuda con la limpieza de mi cuerpo y yo con el suyo. Salimos de la ducha para poder desayunar por fin. 
Tomamos un poco de leche con pan. Hoy no es el día para hablar de resultados de hospital o esperanza de vida. Pero una llamada rompe con mi calma. El celular de Minho suena, al ver en la pantalla “Doctor”, toda la sangre deja de llegarme al cerebro, no puedo pensar sólo preguntar.
- ¿Qué te dijo? ¿Está todo bien?
- No dijo nada, solo que los resultados saldrán en una semana. 
Todavía puedo recordar aquel día en el que el doctor dio lectura a mi informe clínico. 
“…Existe un posible sangrado, posiblemente una vena inflamada, tu estado no era bueno y recibiste un nuevo golpe en la cabeza, es un milagro que no hayas muerto, normalmente la esperanza de vida al reventar un aneurisma es de no más de 48 horas… Revisando tus resultados puedo ver que tienes una vena inflamada, sin embargo, someterte a operación es un riesgo tan alto como el no hacerlo, una persona puede vivir con un aneurisma sin saberlo, ya fuiste sometida a operación y es demasiado riesgoso volver hacerlo, las probabilidades de éxito son casi nulas, sin embargo esperaremos los resultados de tus exámenes…” 
Fueron precisamente esas palabras las que me despertaron, “las probabilidades de éxito son casi nulas” “es un milagro que no hayas muerto”; fue cuando comprendí que esta vez sí podría perderlo todo y para siempre, sin importar si creyera o no que existe un para siempre. No podría volver a ver a Minho, o mi hermano, o decirle a Yonghwa que nada de lo que me estaba pasando podía ser culpa suya. 
Ese día en el hospital, paseé por los jardines agradeciendo, a lo que sea que me haya puesto en este mundo, por darme una persona a quien amar y quien me ama. Agradecer a las personas que conocí y que sin importar el futuro, estaba contenta de haberlos conocido. Los arrepentimientos de nada servían, pues cuando a uno le dicen; posiblemente una vena inflamada la mate, solo queda dar gracias por todo; alegría, dolor, sufrimiento. Ese momento comprendí que sin los sentimientos una persona no es tan diferente de un pedazo de roca. 
Minho era a quien yo quería, y desde ese momento decidí vivir sin arrepentimientos, aunque me quedaran un par de días o diez años, incluso la eternidad. 
Lo vi llegar tan triste que todo dentro de mí se rompió en pedazos, pero me negué a llorar, simplemente le sonreí, lo abracé y le dije.
–Por favor quédate… Te amo. -Las palabras que él quiso escuchar. 

By Yu

No sé, si todas estén contentas con el final, pero para ser sincera, parte de esta historia es muy personal, con muuucho de ficción :p . Lo terminé¡¡ YAY¡¡ Gracias a todas :). No olviden que sus comentarios son inspiración.

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